Creencias populares sobre temas legales que muchos emprendedores dan por ciertas... y que les cuestan dinero y oportunidades.
En cada consultoría encuentro emprendedores que han tomado decisiones basadas en consejos de amigos, familiares, o lo que leyeron en internet. Algunos de estos mitos son inofensivos. Otros cuestan mucho dinero.
Puedes, pero el precio de la espera está escrito en la ley. La inscripción ante la SAT tiene un plazo de 30 días hábiles desde el inicio de actividades, y no cumplirlo ya es infracción. Y hay un detalle que casi nadie conoce: el plazo de prescripción ordinario de cuatro años se extiende a ocho precisamente para quien nunca se inscribió. Formalizarse tarde no borra el pasado, lo deja expuesto el doble de tiempo.
Los contratos no son por desconfianza. Son para definir expectativas claras y tener un marco de referencia si las cosas cambian. Las mejores relaciones comerciales tienen contratos claros.
Las tasas del RPI se pagan por clase y están fijadas en el arancel vigente, así que el costo registral es predecible y modesto. Lo caro es lo otro: si alguien registra tu nombre antes que vos, pierdes la señalización, el material impreso, el empaque y la presencia digital, y renombras un negocio que ya tiene clientes.
Es exactamente al revés, y en materia laboral el efecto es demoledor. El acuerdo verbal también es contrato, y la ley obliga al patrono a documentar la relación y a registrarla ante el Ministerio de Trabajo a través del RECIT dentro de los 30 días.
Cuando no hay documento, quien queda sin prueba es el patrono, porque las presunciones laborales operan a favor del trabajador. No firmar nada no evita el juicio: evita poder defenderse en él.
Tu contador es indispensable y hace un trabajo que ningún abogado puede sustituir. Pero no es abogado, y hay decisiones que la ley no le atribuye: la redacción de contratos, el objeto social de la escritura, la estructura societaria, el registro de marca, la defensa en un ajuste tributario.
Lo digo sin reproche hacia la profesión contable, porque el problema no es de quien acepta ayudar. Es que muchos empresarios descubren la diferencia el día que hay un requerimiento sobre la mesa y resulta que la contabilidad, que era la única defensa disponible, no cumple los requisitos formales que la ley exige: libros autorizados, habilitados, al día dentro de dos meses e impresos. La multa por no tenerlos así es de Q5,000 cada vez que se fiscalice.
Una sociedad correctamente constituida separa tu patrimonio personal del empresarial. Si tu negocio tiene problemas, tus bienes personales están protegidos. Esto es valioso desde el día uno.
La mayor parte de mi trabajo consiste en evitar juicios, no en llevarlos. Revisar un contrato antes de firmarlo toma una hora; discutir esa misma cláusula en tribunales toma años.
El trabajo legal preventivo es el que nadie ve, precisamente porque cuando funciona no pasa nada.
Si tienes dudas sobre estos u otros temas, agenda una consulta.